18 julio 2005

Mi estadía en el Sótero.

Tardé en relatar mi experiencia porque no tenía muy claro cómo abordarla en el blog. Además, había cosas que no deseaba recordar... pero heme aquí, finalmente.

Si bien desde principios de abril sabía que era necesario operarme, mi única alternativa real a corto plazo era entrar a pabellón de urgencia, lo que a fin de cuentas ocurrió. Mientras tanto, como relaté en otros post, andaba con susto y comiendo lo que buenamente podía.

e.r.

La lluviosa madrugada del 18 de junio, después de un nuevo ataque a la vesícula, el dolor continuaba y mi padre me llevó a la Urgencia del Sótero. La conocía, claro, era la segunda vez que estaba por la misma razón. Llevaba mi ecotomografía más reciente, y sabía que no encontraría allí ningún guapo doctor como Carter, o Kovacs, y que las condiciones distaban mucho de ser similares a la serie de TV que he seguido desde sus inicios. Las horas de espera en estos casos son lo peor; uno entiende que su caso no es de vida o muerte, pero cuando el tiempo pasa, pasa y sigue pasando, te sientes botada, hasta humillada.

Me sacaron sangre para hacerme unos exámenes, y en el intertanto fuimos a casa, donde pude dormir una hora. Yo, urgida porque no fuera a ocurrir que estuviera ausente cuando me avisaran de los resultados, le dije a mi padre que partiéramos de vuelta... pero en definitiva los resultados tardaron mucho más de lo esperado. Otro lapso de tiempo para que los vieran y resolver que sí, que tenían que operarme. Mientras ocurría todo esto, esperaba sentada en una silla (y no una camilla, como debiera ser en condiciones óptimas) con una bolsita de suero que sería mi compañera por varias horas.

Posteriormente, fui trasladada a una sala donde había otros pacientes que esperaban ser operados. Más suero, antibióticos inyectados por un nervioso estudiante en práctica, y más horas de espera... mi padre se las arregló para pasar a despedirse, así como mi novio, que providencialmente se encontraba de paso por Santiago.

Cerca de las 10 P.M pasé a pabellón, donde fui "crucificada" en la mesa de operaciones y una mascarilla me situó en el limbo, para que los doctores pudiesen realizar su trabajo.

Hospitalizada.

Estuve casi siete días en el Hospital. El primer día ya operada a puro suero (o sea sin comer) y sueño. Luego, te vas adaptando a las rutinas: control de temperatura y presión, inyección (o inyectación, o como se escriba) de remedios, hora de visitas (de dos a tres, mi gente llegaba pasadito, por cosas de trabajo), hora de comidas... (al tercer día ya podía comer régimen liviano, que implicaba poder "mascar"), etc. Uno comienza a percibir más nítidamente su cuerpo: cómo te duele al moverte o al estar mucho rato en una misma posición, y cuándo deja de doler; la respiración, los latidos, cuándo tienes que llamar a la enfermera para pedirle la "chata"; la conciencia al dar un paso tras otro, con cuidado, cuando ya es tiempo de dar unos paseos por la habitación, e ir sola al baño.

El tiempo transcurría lentamente, pero yo conversé poco con mis compañeras de pieza. La mayoría iba rotando, pues eran operadas de apendicitis o cosas que ameritaban 2 días no más. La excepción: una señora, muy simpática y buena gente, llevaba 2 semanas internada y los doctores no podían determinar lo que tenía... algo al hígado, seguro, pues tenía ictericia... después de salir de alta, me entero que era cáncer. Uf.

Me llamaba la atención la presencia de celulares y televisores. Si uno sólo quiere descansar en principio... al tercer día recién acepté el celular y mi personal, comencé a leer el diario y animarme un poco... cuando, tras un examen, surge la posibilidad de que tengan que intervenirme de nuevo (al otro día, y afortunadamente, esa posibilidad fue descartada).

Mis pensamientos corrían por rumbos diversos, y me fue imposible darles un orden adecuado, encausarlos a un fin útil, o apartarlos por si llegaba a mí la tan ansiada iluminación, pero sí observé mucho y saqué un par de conclusiones:

- Después de todo, ser atendida en el sistema público no fue TAN terrible. Al contrario, salvo
aspectos de mi paso por "e.r", no tengo queja alguna.
- Hay cosas MUCHO peores.
- Existen enfermeras que trabajan con auténtica vocación.
- Aprecias el esfuerzo de personas que luchan por superarse (estudiantes paramédicos).
- Valoras más las sonrisas y la importancia de decir "gracias".
- Recuerdas, una vez más, que tu familia siempre estará ahí cuando la necesites.

15 comentarios:

Petra dijo...

Nadia ¡mujer valiente!, cuanto me alegro que hayas salido de ese episiodio y estés recuperándote por fin. Cuídate mucho.
También concuerdo contigo en tu opinión en relación a la salud pública, quizás no tenga el servicio de hotelería que tienen algunas clínicas, pero tiene gente a cargo que hace que uno entienda aquello de la "vocación de servicio", y se agradece, y mucho.

Un abrazo con cuidado para no apachurrarte.
P.

pame_figueroa dijo...

que bueno que ya te operaste!! espero te recuperes pronto y te felicito por tu actitud positiva ante todo lo que te paso... a ver si pronto puedes disfrutar del tepanyaki... es a la plancha, una gotita de aceite, no creo que te dañe ;)
saludos!

Lobo dijo...

Lo mejor de todo: tus conclusiones. Cuando había justificación de sobra para una larga romería por nuestras queridas rutinas de quejas, tú miras todo con ojos un poco más sabios. Sin duda una mujer valiente! El valor que da la humildad.

PD: Respondiendo a la pregunta que dejaste en mi blog: "La Balsa de Piedra" de José Saramago (estoy pegado con el portugués). Lo otro... es verdad, nunca lo sabrá nadie más que ella y yo.
Un gran abrazo y a recuperarse.

kotto dijo...

wauuu !!!
que experiencia la que viviste...
me quedo con las conclusiones que sacaste al final del post .

un abrazo y cuidate

Ma®ía Pastora dijo...

Ay, chiquilla, qué valiente... qué bueno que no fue tan malo, como cuentas ahí... yo me muero del miedo jijij

¡Saludos!

Distemper dijo...

Coincido con Lobo. Pese a todo lo qe uno reclame, al menos parece que en este caso la salud pública funcionó. Qué bueno.

Es extraña la rutina de los hospitales, los días como que se arrastran con tan poco que hacer, te haces amigo íntimo de tus vecinos, miras el techo con infinita atención como cuando eras niño.

Espero que todo vaya bien, mucho ánimo.-

Cheshire dijo...

El Sótero (sabías que los que estudiantes y muchos médicos le decimos "Soterror"). Te debe haber visto alguien por mi conocido :P y te felicito por la actitud positiva, créeme que uno hace lo posible por tratar de que los pacientes-personas (en este caso tú) no lo pasen tan mal... por lo menos yo y muchos de mis conocidos así lo hacemos (a pesar de que me carga cirugía y odié el tiempo que estuve ahí :O)... lamentablemente no puedo hablar por todos.
Bueno, eso no más.
PD: Me gustó tu blog, se seguira leyendo...

Selene.cl dijo...

Me alegro que estés bien... me recordó mis años de estudiante nervioso... tendremos que hacer régimen juntas.

frank dijo...

me cago parado Nadia !

bue... esero que ya haya pasado todo y estés como nueva!
a cuidarse
a retornar lentamente
tranquila
y mirando padelante

Recibe mis mejores deseos de recuperación
... y absoluta salud !

un abrazo cocinado, dsj

Carly dijo...

Nadia, me gustó mucho tu post porque a pesar de mostrar lo malo del hospital, diste cuenta de las cosas buenas...

Un abrazo y espero que sigas mejor.

Tono dijo...

Hoy, cuando vi que una persona caminaba con dificultad en la calle, pero que se notaba habia hecho lo inhumano para poder desplazarse, agradeci haberme levantado en la mañana y salir caminando a hacer las cosas.
Tu vision es la del vaso medio lleno.
Se aprecia eso.

Wontolla dijo...

Sip, las experiencias en hospitales son terroríficas... las primeras veces. Después ya nada es novedad :D. La salud pública actual es un cielo comparada con la que existía cuando tuve mis accidentes (todos los ochenta)... y curiosamente he visto que lo más feo de los hospitales es la zona donde están los sanos.

Tierra de Nadie 6.2 dijo...

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Juan Carlos dijo...

Me alegro que todo haya salido bien. Cuídate.
J.C.

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