
Estoy en ésa, el refrigedor tiembla cuando paso por su lado. Años atrás, era fan de la comida rápida y creo que pudo tener como consecuencia que el 2005 me tuvieran que operar de la vescícula, dejándome una cicatriz larga y fea. Es que siempre me ha gustado comer, siempre.
Últimamente me levanto de madrugada y veo lo que hay: a veces me preparo un sandwich con un té, o saco un yogurt si es que hay... mala cosa en todo caso, muy mala cosa, pues los resultados ya están a la vista.
Hay elementos externos que gatillan esta ansiedad, sin duda; no puedo comentarlos aquí, es difícil hacerlo (por el momento); el asunto es que trae hasta complicaciones familiares... claro, porque no pueden andar escodiéndote el pan, o poniendo candado al refri o a la despensa. Entonces tengo que echar mano a mi escasa fuerza de voluntad, y aumentar el consumo de agua, y recordar algunos tips leídos en revistas femeninas o de nutrición y salud. Ayer puse en práctica uno de ellos, con buenos resultados: tenía que esperar el almuerzo, que sería a las 2 de la tarde, sin comer nada o casi nada durante 2 horas... entonces recordé el consejo leído en más de una ocasión que recomendaba cortar apio o zanahoria en bastoncitos e ir masticándolos de a poco para provocar sensación de saciedad; yo piqué una zanahoria de tamaño regular y junto a un vaso de agua (y a alejarme de la cocina por un buen rato) pude esperar con calma que llamaran a comer.
Seguiré con este tema de vez en cuando, creo que muchos (as) han pasado por experiencias similares.